viernes

Dedicado a Sofía, en el día de su cumpleaños

 

Lucas, sus regalos de cumpleaños

     Sería demasiado fácil comprar la torta en la confitería «Los dos Chinos»; hasta Gladis se daría cuenta, a pesar de que es un tanto miope, y Lucas estima que bien vale la pena pasarse medio día preparando personalmente un regalo cuya destinataria merece eso y mucho más, pero por lo menos eso. Ya desde la mañana recorre el barrio comprando harina flor de trigo y azúcar de caña, luego lee atentamente la receta de la torta Cinco Estrellas, obra cumbre de doña Gertrudis, la mamá de todas las buenas mesas, y la cocina de su departamento se transforma en poco tiempo en una especie de laboratorio del doctor Mabuse. Los amigos que pasan a verlo para discutir los pronósticos hípicos no tardan en irse al sentir los primeros síntomas de asfixia, pues Lucas tamiza, cuela, revuelve y espolvorea los diversos y delicados ingredientes con una tal pasión que el aire tiende a no prestarse demasiado a sus funciones usuales.
Lucas posee experiencia en la materia y además la torta es para Gladis, lo que significa varias capas de hojaldre (no es fácil hacer un buen hojaldre) entre las cuales se van disponiendo exquisitas confituras, escamas de almendras de Venezuela, coco rallado pero no solamente rallado sino molido hasta la desintegración atómica en un mortero de obsidiana; a eso se agrega la decoración exterior, modulada en la paleta de Raúl Soldi pero con arabescos considerablemente inspirados por Jackson Pollock, salvo en la parte más austera dedicada a la inscripción SOLAMENTE PARA TI, cuyo relieve casi sobrecogedor lo proporcionan guindas y mandarinas almibaradas y que Lucas compone en Baskerville cuerpo catorce, que pone una nota casi solemne en la dedicatoria.
   Llevar la torta Cinco Estrellas en una fuente o un plato le parece a Lucas de una vulgaridad digna de banquete en el Jockey Club, de manera que la instala delicadamente en una bandeja de cartón blanco cuyo tamaño sobrepasa apenas el de la torta. A la hora de la fiesta se pone su traje a rayas y transpone el zaguán repleto de invitados llevando la bandeja con la torta en la mano derecha, hazaña de por sí notable, mientras con la izquierda aparta amablemente a maravillados parientes y a más de cuatro colados que ahí nomás juran morir como héroes antes de renunciar a la degustación del espléndido regalo. Por esa razón a espaldas de Lucas se organiza en seguida una especie de cortejo en el que abundan gritos, aplausos y borborigmos de saliva propiciatoria, y la entrada de todos en el salón de recibo no dista demasiado de una versión provincial de Aída. Comprendiendo la gravedad del instante, los padres de Gladis juntan las manos en un gesto más bien conocido pero siempre bien visto, y la homenajeada abandona una conversación bruscamente insignificante para adelantarse con todos los dientes en primera fila y los ojos mirando al cielo raso. Feliz, colmado, sintiendo que tantas horas de trabajo culminan en algo que se aproxima a la apoteosis, Lucas arriesga el gesto final de la Gran Obra: su mano asciende en el ofertorio de la torta, la inclina peligrosamente ante la ansiedad pública, y la zampa en plena cara de Gladis. Todo esto toma apenas más tiempo del que tarda Lucas en reconocer la textura del adoquinado de la calle, envuelto en tal lluvia de patadas que reíte del diluvio.

Julio Cortázar

miércoles

Mi mundo perfecto


Qué

Me dan ganas de hacer todas las cosas que no puedo hacer, y satisfacer un azar caprichoso; que interviene intempestivamente en mi ánimo, transformando el color de mi ideas, apretando y sublimando mi imaginación, convirtiendo mis venas y nervios en algo que ni la mejor de las anatomías podría explicar y definir. Un montón de juegos, en forma de sueños. Me voy perdiendo en un mar violeta donde nada está claro y la coherencia se aleja a paso firme, muy firme. Llego al punto más álgido, donde me encuentro sola. Estoy completamente sola en un baldío que nubla la razón. Y flotar parece lo más natural.

P.D: La música tiene sus efectos.

lunes

Longevidad


Puedo percibirte. Oler el aroma de tus temores mas profundos.

Verte siempre un poco mas.

Te decidís y abrís lento y de a poco la puerta que me lleva a vos, a tu mundo.

Me sumerjo en el, me reconozco y Puedo reconocerte al instante,

nos abrimos, la entrega es total, es corporal y eterna.



Las palabras, son los sonidos de ayer.



Me buscas y respondo al instante, al llamado de tus necesidades urgentes, te doy todo y mas.

Y Acepto el vacío que viene con los días en que estas ausente.



Doy mil vueltas en el aire, vuelo muy alto y caigo al suelo.

Por momentos te olvido.

Abrimos de nuevo el juego que nunca termina.



Me gusta mucho bailar al ritmo de tus noches longevas.

Me gusta mirarte, me gusta lo que me das

me gusta tu música, el sonido de tu guitarra, el de tu voz cantando en la madrugada.



Así bailamos una vez mas la canción mas romántica

nos damos el alma, el cuerpo, el sexo, la mirada, la piel.

Así Por un instante nos convertimos en lo que deseamos...

y queriendo detenerlas, vemos pasar las horas.


Mariela

miércoles

Paso Cebra.




         Si a alguien se le ocurriera preguntar por qué, no sabría qué responder; pero lo cierto es que cada vez que cruzo por una senda peatonal, intento pisar con todo el pie las franjas blancas evitando las separaciones entre una y otra. Es mi secreto. Un desafío personal que abandono no bien me doy cuenta de los movimientos torpes que ejecuto para llevarlo a cabo.
         En eso estaba aquel mediodía mientras cruzaba Pavón. Recuerdo bien que el “doremí” se me desafinó antes de lo previsto y mi paso no tardó en entorpecerse. No lo dudé, dejé de lado mi jueguito perverso, levanté la cabeza, y te vi. Venías cruzando en sentido contrario. Te reconocí al instante; te miré y tu mirada me dijo que nada de lo que veía era nuevo. Ahí estábamos los dos cruzando la avenida, inmersos en el calor pegajoso de nuestro bendito verano, tanto como en una mirada mutua que más que hablar, ametrallaba tantas palabras por segundo como para bajarle todos los cristales al coqueto “El Clavel”. Después tu hombro derecho pasó rozando el mío y te perdí en el rulo de la ola de gente que va y viene como una marea inquieta y eterna. 
        Cuánto duró la imprevista cita de nuestros ojos. Quizás un segundo o menos. “Un abrir y cerrar de ojos” sería la figura ideal, pero redundante y empalagosa en este párrafo. Entonces redundemos y empalaguemos porque eso fue lo que duró, ni más ni menos.
         Crucé casi corriendo lo que me quedaba de calle y ataqué al primer teléfono público que tuve a mano. Al tercer o cuarto tono escuché la miel del claro dialecto de tu voz, Hola, Hola soy yo, dónde estás, En Palermo, trabajando…Y de golpe sentí que la fuente de la plaza me caía en la cabeza, descarrilaban los trenes para golpearme en las costillas y la senda peatonal recién pisada se me ajustaba al cuello como un cierre relámpago. Ya no supe qué decir; esperaba oír: "Estoy en Lanús, acabo de cruzar Pavón, eras vos", o algo por el estilo, pero no. Estabas en Palermo. Yo con las partituras mojadas improvisé un, Podríamos vernos hoy, respondiste, Quizás mañana, ¿te parece?, Claro. Me apuré a cortar, puse en capilla a mis ojos y a mi memoria y alargué el paso en busca de la estación.
         A dos metros estaba del tren cuando las puertas se cerraron con rabia. Un minuto después el andén quedó desierto. Mientras esperaba el próximo servicio apoyado en la baranda, encendí un cigarrillo y me dediqué a buscar en la mochila birome y papel para dejar constancia de lo ocurrido minutos (o pasos) antes. Estaba muy concentrado en la búsqueda cuando una voz me sobresaltó, Me das fuego; a mi derecha hablaba un avejentado hombre de unos cincuenta años al que no había visto antes en el andén. Si, cómo no, respondí, y en el mismo momento en que mi mano derecha, en el bolsillo, intentaba pescar el encendedor, el tipo dice en voz baja, casi confidente, Era igual eh, dos gotitas de agua. Quedé petrificado, fui por un momento una estatua de sal en plena Estación Lanús. Un segundo después me miró y volvió a la carga, Si vas a escribir la historia hacelo bien, no cómo estás por hacerlo, y en lugar de fuego dejame el pucho que ahí viene “el de y cinco”.
         Subí al tren sin mirar hacia atrás. Dentro del vagón algunos me miraban y bajaban rápidamente la cabeza. Otros dormitaban. Yo viajé parado y pensando que, bien o mal, debía escribir la historia; y que el relato podría servirme, por lo menos, para blanquear mi miedo a quedarme atrapado para siempre, entre dos líneas blancas de alguna senda peatonal.

domingo

Cosas de Domingo



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Metió la mano en el bolsillo del viejo abrigo. Sacó un billete arrugado de cinco pesos, un boleto de aquellos días y muchas ganas de nada.

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Recorta las hojas de la parra mientras se pierde en el silencio empalagoso del domingo. Su vecino enciende la radio: un gol inunda la tarde.

Domingo


jueves

Otoño tras de mí

Persiguen mi rastro. Me persiguen las hojas que, teñidas de otoño, caen de los árboles. Así...

miércoles

Creatividad

En los momentos de fricción, es la creatividad la que nos provee el elemento para superar la incomodidad.

Seré paciente y tendré el espiritu de la lucha, no me detendré en la adversidad.
Dejaré atrás el miedo a perder, a no volver a amar.
Me mostraré ajena a todo convencionalismo, y seré libre
para optar por todo aquello que anhelo.
Seré mi propio guía en todo momento en el camino del ser.
Voy a buscar que el amor sea una fuente de renovación permanente,
que defina mis acciones...
Y aun asi, si alguna vez de nuevo nos perdemos el uno al otro...
voy a cerrar fuertemente los ojos, voy a buscarte ahi,
en el misterioso mundo que nos une, donde solemos encontrarnos,
aun en el silencio.

Mariela

Microrrelato

Es una chica de lo más común: recuerda en blanco y negro, sueña en sepia y llora cada vez que llueve.

martes

Cadáver Exquisito.

Lo que hay en él no es real
Niños de la verdad y la promesa infinita
Lo que hago me hace
Es a propósito e intensional como todo como nada
Primero se afeita y después afila la navaja. Dispone un suicidio prolijo
Siempre tiene que ser lo que uno quiera
Domingo de sol
Hay gente para todo
Y siempre te amaré
Última línea de letritas que quieren entrar, que se "apetisan"